Historia

Breve historia de El Rompido

Por los hallazgos de materiales líticos encontrados en la zona, conocemos la existencia de unos primeros pobladores paleolíticos que ya habitaron la desembocadura del río Piedras. El yacimiento más importante se descubrió en 1971 en la margen norte de aquélla. Los materiales encontrados fueron 208 piezas de cuarcita correspondientes a cantos tallados cuya cronología abarca desde el IX al III milenio a. C. Estos primeros habitantes de la zona se dedicaron a la recolección y a la caza y a la pesca en un entorno que ofrecía una gran riqueza de recursos ya en el cuaternario.

 En la zona de la Dehesa de San Miguel fue localizado también un horno para la fabricación de ánforas para salazones que pudiera estar en relación con un primer asentamiento de pescadores en el entorno de la actual población de El Rompido en época romana.

 No tenemos constancia de poblamiento en la zona del Rompido durante la etapa de dominación islámica.

 En 1262 Alfonso X el Sabio conquistó el reino musulmán de Niebla, en el cual se integraba la mayor parte del territorio de la mitad meridional de la actual provincia de Huelva, incluida esta zona inmediata a la desembocadura del río Piedras. La primera etapa de la repoblación en el antiguo reino taifa de Niebla comenzó inmediatamente después de su conquista. En el mismo año 1262 Alfonso X organizó el concejo de Niebla y deslindó sus términos. En  1268 se amojonaron los términos de Gibraleón, Ayamonte y Huelva y se creó una comunidad de pastos entre dichos concejos. Pese a estas primeras iniciativas pobladoras y organizadoras del territorio realizadas fundamentalmente por la Corona, la zona central y meridional de la provincia evolucionó a lo largo de la Baja Edad Media hacia la constitución de señoríos, mientras que los territorios de la Sierra y la zona del Campo de Tejada mantuvieron la condición de realengo.

 En 1306 Don Alfonso de la Cerda, nieto del rey Alfonso X el Sabio, recibió el señorío de Gibraleón como parte de las compensaciones establecidas por renunciar a sus derechos al trono. Surgía así uno de los señoríos más antiguos e importantes del territorio onubense, objeto de disputas y ambiciones nobiliarias entre los Medinaceli y los Guzmanes. Los cambios en su titularidad en los primeros dos siglos posteriores a su creación fueron continuados.

 El siglo XV, principalmente en su segunda mitad, conoció una etapa de esplendor del territorio onubense, en el que las casas nobiliarias pusieron en práctica una política de atracción de pobladores a sus jurisdicciones con el objetivo de explotar las tierras que permanecían incultas e incrementar, de este modo, sus rentas. Así, en el señorío de Gibraleón, por iniciativa señorial, surgirán las poblaciones de Cartaya (1417-1420), Sanlúcar de Guadiana, San Miguel Arca de Buey (1458), El Granado, Los Castillejos y el Rincón de San Antón, a las cuales los señores de Gibraleón favorecerían con la concesión de privilegios y franquicias, entre ellas exenciones de una serie de tributos señoriales y reales, con el fin de hacerlas atractivas a los nuevos pobladores.

 La localidad de San Miguel Arca de Buey nació a partir de 1458, una vez que Don Álvaro de Estúñiga, señor de Gibraleón, otorgara el documento fundacional en el que se contenían privilegios similares a los concedidos a la vecina villa de Cartaya: franquicias de pedidos y monedas reales, exenciones de la alcabala, préstamos y otros impuestos señoriales.

 El caserío de San Miguel se localizaba en la ladera de la colina que muere a los pies del faro antiguo del Rompido. Conformaba calles que discurrían paralelas a la orilla de la ría del Piedras. En la cumbre de dicha colina, donde hoy se sitúa el hotel Fuerte del Rompido y anteriormente se ubicaba la Casa del Castillo de San Miguel, se emplazaba la fortaleza y la iglesia parroquial, con su cementerio, que ha salido a la luz en unas recientes excavaciones. En la zona elevada se situaban también las casas consistoriales. El castillo de San Miguel servía de defensa de la localidad y, junto con las torres de almenara más cercanas -mandadas levantar por Felipe II y construidas a finales del siglo XVI y principios  del XVII-, para el control de la desembocadura del río Piedras -puerta de acceso por mar a las villas de Lepe y Cartaya- y de esta parte del litoral onubense.

 La población de San Miguel tuvo una corta vida, pues su situación junto a la ría del Piedras y a la propia línea de costa le hizo estar sometida a las continuas incursiones de los piratas turcos y berberiscos que asolaban estas costas, y que en más de una ocasión la asaltaron y saquearon, lo que motivó el progresivo abandono de sus habitantes, hasta que en el primer tercio del siglo XVII se produjo la consumación de su despoblación. En 1597 el marqués de Gibraleón Don Francisco López de Zúñiga y Sotomayor volvía a conceder grandes privilegios a quienes vinieran a asentarse en San Miguel Arca de Buey, que, a la sazón, se encontraba casi despoblado. De nada sirvió, pues hacia 1630 nadie vivía ya de manera permanente en dicha localidad. En 1651, constatado su despoblamiento total y por mandato del marqués, el corregidor y justicia mayor de Gibraleón Don José de Hermosilla tomaba posesión de la población y su término en nombre de aquél. El concejo de Cartaya, como población más cercana, se apropió entonces de la dehesa boyal de San Miguel.

 Las casas consistoriales de San Miguel ya estaban caídas hacia 1681, mientras que la iglesia parroquial y las pocas casas que subsistían medianamente en pie terminaron por venirse a tierra en el terremoto de 1755. Las campanas y algunas imágenes pertenecientes a dicho templo fueron trasladadas entonces, según parece, a las parroquiales de Cartaya y Aljaraque. El castillo de San Miguel subsistió en ruinas y con su fábrica muy menoscabada hasta bien avanzado el siglo XIX. Con parte de sus materiales se construyó en 1861 el faro pequeño del Rompido y sobre sus cimientos se labró la conocida como Casa del Castillo, destruida parcialmente para la construcción del hotel Fuerte del Rompido hace unos años. Así, pues, ningún vestigio visible de la antigua villa de San Miguel llegó al siglo XX.

 Desde finales del siglo XIX en las inmediaciones del faro antiguo del Rompido comenzaron a asentarse algunas chozas de pescadores que, andando el tiempo, vendrían a transformarse en el poblado de pescadores que hemos conocido hasta hace unas décadas. Actualmente, el núcleo poblacional del Rompido, que nació y creció junto al solar que antaño ocupara la villa de San Miguel Arca de Buey, se ha visto incrementado con las edificaciones residenciales y turísticas que vienen proliferando en la zona desde mediados de la década de 1970 y con especial énfasis en el último decenio.

 (David López Viera – Licenciado en Geografía e Historia)

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