Edificios de la Almadraba de Nueva Umbría: El Real

FLECHA DEL ROMPIDO –  HUELVA

Eran numerosas las personas implicadas en todo el proceso de pesca del atún y de los preparativos en mar y tierra; además era necesario disponer de ellas en exclusiva durante una época determinada del año, que constituía un periodo prolongado, pero temporal, y lo más cerca posible del lugar de calamento, que no siempre era el de las poblaciones costeras. Este es el caso de nuestra almadraba; las poblaciones de procedencia de los marineros y mando, Isla Cristina, Lepe, Punta del Moral o Cartaya fundamentalmente, estaban a cierta distancia del lugar elegido como punto estratégico más próximo para ubicar el emplazamiento de barcos y almacenes y para los preparativos de las artes. Incluso algunos venían de mucho más lejos, de las costas almerienses y levantinas. Por ello el Consorcio Nacional Almadrabero, como consta en el registro de la propiedad de Ayamonte (tomo 240, folio 134) adquirió una parte de los terrenos situados en la flecha de El Rompido, a fin de situar en ella los edificios precisos en todas las labores en torno a la almadraba: almacenamiento de pertrechos, varado y reparación de embarcaciones, lugares de oficina, cantina y viviendas de mandos y personal de mar y de tierra, que conformaban lo que, al modo militar, venía a ser conocido en las almadrabas con el nombre de Real. El conjunto de todas estas personas relacionadas con la pesca del atún, además de las familias que habitaban con ellas en el Real, constituía un pequeño núcleo poblacional temporal de unos 900 habitantes, como queda de manifiesto en las 918 cartillas de racionamiento que había en la postguerra.

En este núcleo existían tres zonas bien diferenciadas: por un lado la llamada Casa del Capitán, por otro las zonas de trabajo y almacenamiento y, por último, la zona de habitación y esparcimiento.

A levante de la Casa del Capitán se situaba la zona de trabajo y almacenamiento. Un pequeño cuarto a orillas del río, junto al embarcadero servía para almacenar los bidones de gasoil para el abastecimiento de los motores. Entre este cuarto y la casa del  Capitán se alineaban las anclas.

A sus espaladas se levantaban las instalaciones para preparar el alquitrán. Dos calderas alimentadas por fuegos situados debajo, cuyo tiro lo constituía una elevada chimenea, permitían derretir el alquitrán, que, una vez hecho líquido, era depositado por medio de unos tubos en dos grandes recipientes. En ellos, con la ayuda de un polispasto, eran sumergidos los cables (amarras, cabos de ato y contraato, palomera) para ser alquitranados. Unos tableros dispuestos desde estos depósitos hasta las ventanas del almacén contiguo servían para trasladar estos cables ya alquitranados  y almacenarlos hasta la temporada siguiente; el suelo acanalado y con pendiente permitía que el alquitrán sobrante escurriera y pasara a unos pozos para ser reaprovechado. Con este alquitrán, cuyo gasto anual alcanzaba la cifra de los 110 barriles de 200 kilos cada uno, se protegían igualmente las anclas dispuestas en al explanada. Además de este primer almacén y escurridero de cables, se sucedían varias dependencias en las que por separado se depositaban diferentes pertrechos: en el pañol se guardaban a buen recaudo piezas pequeñas y de valor (grilletes, cabos, etc.)bajo la responsabilidad del pañolero, cargo ejercido durante muchos años por Miguel Sierra Pavón; en el resto de la nave, así como en una ampliación contigua, construida con posterioridad a comienzos de los años cincuenta, se apilaban  las redes. Anexos a esta gran zona de almacenamiento se situaban la tonelería, en la que se fabricaban los barriles utilizados junto con las pandas de corcho y los perros para el sistema de flotación de la almadraba, el cuarto de la cal, la casa del Tercero, la carpintería donde se construyeron algunas embarcaciones, además de otro “alquitranadero” para alquitranar los cabos de los plomos. La explanada situada entre el almacén y la orilla, así como a levante del almacén, era la zona de preparación y disposición de las reden antes de calarlas y de secado y reparación antes de recogerla al final de la temporada. En la explanada a poniente de las calderas estaba el corral de los corchos, donde se apilaban y guardaban los corchos necesarios para calar la almadraba, cuyo consumo anual podía llegar a ser de 1000 fardos de alrededor de 100 kilos cada uno; este elevado consumo se explica por el hecho de que sólo se aprovechaba una mínima parte de un año para otro.

La tercera zona del Real era la reservada para viviendas de los almadraberos y sus familias, así como algunas dependencias dedicadas a los servicios (barbería, tienda, escuela, botiquín, etc.) imprescindibles para una amplia población, calculada en unas 900 personas, que debían convivir a lo largo de varios meses alejados de otros núcleos poblacionales.

(La Almadraba de Nueva Umbría – Autores: Juan Manuel Ruiz Acevedo y José Antonio López González.- Editado por el servicio de publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Huelva)

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One Response to “Edificios de la Almadraba de Nueva Umbría: El Real”

  1. Marjo dice:

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    De qual epoca hablamos ? No hay ninguna fecha/años en todo el articulo!

    Que pena que no se puede visitar…

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